Mejoras que huelen
Uno suele ser un fanático de lo eficiente. Durante años se va haciendo a la idea de que dentro de la eficiencia existe la belleza. Coches que son capaces de recorrer grandes distancias con poco combustible, esas bombillas que duran años sin fundirse con un décimo del consumo de las bombillas tradicionales, lubricantes que no se corrompen hasta los 30.000 km.
Esta búsqueda de la eficiencia es la que nos ha hecho desarrollar los procesos que aplicamos en nuestro mundo de modo que busquemos reducir el coste o los recursos que se emplean para nuestra vida diaria. Algunas veces, la nueva opción es un poco más cara en principio, pero mejora la calidad de vida de las personas a las que afecta; o puede que sea un poco más incomoda, pero que ayude a mantener en el largo plazo un sistema.
Los usuarios, por norma general, solemos enfrentarnos al cambio rechazándolo. El rechazo proviene del ataque a nuestro confort que se produce con el cambio. Hemos de aprender nuevas rutinas, y nuevos modos de hacer las cosas. Debemos asumir pues que el “confort” se verá afectado cada vez que introduzcamosn cambios.
Lo que nunca puede pasar en una mejora de la eficiencia es que el confort se vea dañado de tal modo que sea imposible mantener de manera natural el sistema. La creación de un sistema cohercitivo para asegurarse que la mayoría sigue el sistema, en vez de velar por las excepciones, demuestra que la cosa es artificial.
Y ahí es a donde voy… Analizando desde fuera, y sufriéndolo como usuario, el sistema de recogida de basuras de Neunkirchen-Seelscheid, en la que me encuentro, es claramente mejorable. Con una recogida de las basuras cláramente ineficiente (e insuficiente), moscas y olores impiden que podamos abrir la ventana de las casas, es decir se está atacando el confort de los ciudadanos buscando la eficiencia en la reducción del gasto (alargando el periodo de recogida y empleando menos recursos en ello).
Lección aprendida: Puede que los números sean claros y “huelan” bien, pero son realmente nuestras narices, y nuestros sentidos, los que mediran nuestro trabajo de mejora, en este caso de los responsables del Ayuntamiento.
Advertisement